Cuba: La vida hecha un yogur

Ya es hora de acabar con el racionamiento.

La historia ha mostrado que el suministro de alimentos más equitativo es a través del mercado libre y el intercambio libre entre personas. Sin embargo en Cuba el régimen insiste en interferir y restringir esto que debe ser un derecho fundamental de cada ser humano. Cuando se interfiere con el mercado el resultado es predecible.

Desde Cuba:

La vida hecha un yogur

Por: Raúl Lázaro Fonseca Díaz

Móvil: 53452139

La irregularidad de la venta del yogur de soya, uno de los alimentos de los que depende mucha gente, sigue afectando a la población.

Un anciano a la puerta de la lechería-carnicería de Lombillo entre Ermita y Ayuntamiento se quejaba en voz alta, con el siguiente comentario: “Aquí el yogur de soya debe venir martes, jueves y sábado, pero no siempre es así; por ejemplo: la semana pasada no vino el sábado dijeron que lo traerían el domingo y apúntelo en el hielo. Esto pasa a cada rato y estuvieron casi un año sin venderlo”.

Según explicaron los trabajadores de este comercio cada mes deben recibir doce envíos del producto, pero el transporte y los problemas productivos hacen que haya semanas que no pueden entregarlo el día señalado.

En Cuba los niños cuando cumplen 7 años de edad pierden el derecho a que sus padres adquieran leche por la tarjeta de racionamiento; por eso es tan importante que puedan adquirir una bolsa de yogur de soya cada tres o cuatro días. Este es un producto muy demandado por la población por su bajo costo, pero su adquisición se hace bastante problemática.

Continuó comentando el anciano: “Yo vivo lejos de aquí, pero vengo a comprarlo para mi nieto que tiene 13 años y en casa todos lo tomamos. A veces lo puedo capturar. Ya yo no estoy para estar corriendo, con lo mala y cara que está la comida el yogur es un “salve”, además hay que estar aquí y bien temprano, porque no tienen refrigeradores para que se conserven en buen estado las bolsas. Como escasea tanto, ahora sí que nos acabaron de convertir la vida en un yogur”. En Cuba en el refranero popular, “tener la vida hecha un yogur” explica situaciones que hacen el desarrollo diario de una persona mucho más agrio y amarga de lo que ya lo tienen la mayoría de sus habitantes.

La otra alternativa de adquirir el yogur es comprarlo a vendedores en la bolsa negra, que los llevan por los barrios envasados en “pepinos” (botellas de plástico de 1 litro y medio) de dudosa limpieza y de confección casera. Además, es más caro, mientras el de soya cuesta la bolsa 2 pesos moneda nacional, este lo venden a un cuc o su equivalente en moneda nacional 25 pesos. La otra forma de comprar yogur es en las tiendas de divisa a precios inalcanzables para el cubano promedio.

En un programa de la televisión cubana trasmitido reciente, se trató de justificar la inestabilidad de la distribución de este producto, por las roturas constante de las fábricas y los problemas que presenta la transportación hacia bodegas y lecherías.

Lo que sí es evidente que cada día le hace más difícil alimentarse al cubano de a pie, además de por las escaseces, por los altos precios que tienen los productos.

La Habana, 5 de diciembre de 2017

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