La Habana, 29 de agosto – Un régimen de justicia social

Un régimen de justicia social

María Nélida López Báez
Teléfono: 52437850                                                                                                      

 Janisleidy Crespo Acosta, es una adolescente de 14 años de edad, que, debido al atraso de 36 horas en el parto de su mamá, por una negligencia médica, nació (en un hospital de Pinar del Río) afectada con una parálisis cerebral infantil (PCI), que no le permite hablar ni realizar algunos movimientos.

Junto con sus padres vive, rectifico mal vive, en la calle Lealtad # 158 entre Ánimas Y Virtudes, en el primer piso de un solar, en el municipio Centro Habana. El próximo 2 de noviembre cumplirá 15 años, pero ya ni siquiera la pueden bajar a la calle, porque su mamá tiene una operación en el abdomen y su papá de tanto cargarla padece de una hernia.

Hace poco decidieron someterla a una cirugía, porque tenía los pies montados en forma de tijera y aunque el cirujano le dijo que no quedarían problemas, la niña se queja de dolores y la tienen que mantener sobre almohadas.

La calidad de vida de esta muchachita y su familia es denigrante, a pesar de que su existencia es una desgracia para ellos, todo lo que pueden ofrecerle es amor. En cualquier país que hubiera nacido, le tendrían que financiar por vida su existencia, aunque el dinero no lograría resarcir el daño que le han hecho a este núcleo familiar. No obstante, dado el “régimen de justicia social” que hay en Cuba, el Estado le pasa una pensión mensual de 175 pesos moneda nacional (equivalente a 7 dólares) y una vez al año le entrega 5 paquees de culeros desechables, que en pocas ocasiones tienen la talla requerida o en su lugar servilletas sanitarias; ya que ella no avisa cuando tiene que orinar o defecar.

Su vivienda está en deterioro total, se filtra dentro del dormitorio, por las aguas albañales del baño de los vecinos de los altos, para lo cual ponen unos cubos en el piso, con el fin de que caiga en ellos, pero no pueden evitar la fetidez que esto produce.

En una barbacoa tienen el único cuarto de la casa, con dos camas, donde duermen los tres. El acceso es a través de una escalera de madera, que apenas se sostiene y no tiene pasamanos. Su triste vida se compone de abundantes medicamentos, escasas condiciones materiales; pero se puede apreciar el amor que le brindan sus padres, que viven para ella.

Al igual que una gran cantidad de cubanos, tienen problemas con el suministro del agua, carecen de cualquier equipo electrodoméstico que le pueda dar más confort a la vida de la niña que desarrolla todo su tiempo acostada en una cama en un cuarto húmedo y sin aire.    

Si de alimentación se trata, a pesar de su situación, como una niña cubana más, desde que cumplió los 7 años no tiene derecho a adquirir leche por la libreta de racionamiento.

Nadie se inmuta por casos como estos, aunque tienen un gran peso en la sociedad, incluso, el padre explicó que él fue al Canal Habana y ellos estuvieron en la casa e hicieron filmaciones, pero al ver que no las mostraban, quiso indagar y le dijeron que la Seguridad del Estado había prohibido que las publicaran.

Esta es la realidad del sufrido pueblo de Cuba, no solo en La Habana, pero a todo lo largo del país se pueden encontrar problemas con este, sin que tengan la menor atención por parte de las autoridades, que lo ven como algo normal, quizás la culpa sea del “bloqueo” y el “imperialismo”; de lo que sí todo el mundo puede estar convencido que el sistema caduco nunca será responsable.

La Habana, 29 de agosto de 2017

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